+corazón te comparte — lactancia materna

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Tengo un mes con la alimentación complementaria, con mi primera hija no tenia mucha información así que pasamos del pecho a la papilla en todas sus presentaciones. Después de algún tiempo comencé a leer un poco del BLW (baby led weaning), un método de alimentación libre de papillas.

En un inicio la idea asusta: atragantamiento seguro, es lo que primero pensé. Luego leí otras cosas que me hicieron más sentido, como la recomendación de no obligar ni distraer para dar de comer y la de ofrecer aquello que tú comes y cocinas. Uf, ahorrarme la esterilizada de todo lo que entrará en la boca de mi bebé y la extensa planeación y preparación de papillas no sonaba nada mal. 

El tema descansó algunos años hasta que llegó el turno de mi otro hijo. En este caso, mucho más preparada y empoderada en mi maternidad, y con la tranquilidad de saber que la leche materna es el principal alimento hasta el año, no tuve la urgencia de correr a insertar la cuchara con papilla de zanahoria en el día uno de los 6 meses. 

Así que retomé el tema, sin prisa y sin miedo; ésa es la cosa bella de la maternidad, que con cada hijo da sabiduría y tranquilidad. Comencé poniendo unos pedazos de chayote en la mesa (cortados delgados y largos); mi hijo jugaba, los aplastaba y con poca coordinación trataba de llevarlos a la boca, a veces con éxito y veces sin. La primera probada fue de asco, la segunda le buscó el sabor, la tercera a base de arcadas escupió de regreso un pedazo que es había acercado a su garganta. 

La verdad, estuve tranquila todo el tiempo, porque por una parte entendí que el atragantamiento no es hacer arcadas y por otra me parecía perfectamente normal que, después de 6 meses de solo pasar líquidos, la sensación de pasar algo más pastoso y con más volumen fuera muy extraña. 

Poco a poco avanzaron los días y me di cuenta de varias cosas: por una parte él perfeccionaba la técnica de tomar comida y llevarla a su boca, y la de masticar y escupir o tragar con éxito; por otra, yo estaba sumamente a gusto y sin presión a la hora de la comida. No tenia que hacer comida especial, solo ofrecer alguna verdura o fruta disponible, cocida o cruda. Qué delicia, mi pequeño de tan solo 6 meses estaba integrado a la dinámica de comida familiar.

Me di cuenta también que incluso hasta para una elección tan sencilla como introducir a la alimentación complementaria hay formas más respetuosas que otras, y con respeto me refiero a que respetan el desarrollo natural de un niño.

Esta técnica le ha permitido comer a su ritmo, la cantidad que quiere, los alimentos que le gustan; le ha permitido perfeccionar poco a poco su manera de comer y saborear. Me da a mí la oportunidad de ver qué le gusta y qué le llama la atención, qué texturas no son de su agrado e incluso qué temperaturas prefiere. ¿Cómo me doy cuenta? Solo observándolo y viendo cómo come y qué cosas toma y mastica. 

Me di cuenta de que, al estar dando cucharadas con alimentos molidos en licuadora, te pierdes todo este proceso que en verdad es maravilloso. Todo el proceso de experimentar la comida tal y como es, no solo los sabores. El proceso de avanzar en perfeccionar las habilidades para elegir, llevar cosas a la boca, probar, masticar, pasar.

La experiencia de la alimentación complementaria en los primeros 6 meses es educativa, exploratoria; las funciones nutricionales que satisface en comparación con la leche son pocas. Como asesora en lactancia materna, promuevo la libre demanda y el prendimiento precoz a la hora de nacimiento, acompaño a madres y a bebés y veo cómo ellos perfeccionan su forma de mamar conforme pasan los días, cómo la leche cambia volumen y propiedades Y los bebés deciden cuándo y cuánto necesitan comer, y en estos principios se basa en gran medida el éxito de la lactancia; por todo eso, me hace muchísimo sentido que la alimentación complementaria siga esta línea de respeto al desarrollo. 

Tuve muchas ganas de compartirlo porque, además de que ha sido una grata experiencia, fue un gran descubrimiento para mí. Estoy disfrutando esta etapa muchísimo. ¿Cómo ha sido tu alimentación complementaria? 

Pégatelo

Pégatelo 1

La forma científica de esta frase de múltiples significados y connotaciones sería “ponlo al pecho”. Aunque es bien sabido que su forma coloquial es la más utilizada en asuntos de lactancia, sobre todo cuando familiares, profesionales de la salud, amistades y cualquier otro curioso que acompañe un puerperio —que, claro, no sea de la opinión de meter un bote de fórmula de buenas a primeras— se han quedado sin idea de cómo ayudar a la madre en turno. Bien sea por algún problema emocional, físico o incluso del recién nacido. "Tú pégatelo" o, en su forma repetitiva, "pégatelo, pégatelo, pégatelo", es la frase mas concurrida cuando de auxiliar se trata. 

 

¿Por qué lo sé? Pues bueno: porque, antes de enterarme que existen personas que estudian para acompañar los procesos de lactancia de las madres, que bien pueden suceder como en las nubes o en el inframundo, fue la frase que varias veces me repitieron.

En el hospital, por ejemplo: al de pedir el alojamiento conjunto (esto es, que tu bebé se queda en tu cuarto y no en el cunero), enfrente de varios ojos incrédulos y miradas reprobatorias y habiendo firmado una hoja escrita por las enfermeras en la que prácticamente decía que me hacía cargo de mi bebé (cosa que fue bastante rara, puesto que antes de firmar eso yo ya daba por entendido que así era). Incluso tomé una fotografía a dicho escrito pues me parecía lo suficientemente simpático y a la vez, terrorífico. 

Después de una serie de protocolos un poco improvisados debido a la incapacidad de algunos de nuestros hospitales en la cuestión humanitaria, por fin me entregaron en brazos a mi recién parida hija, cosa extraña porque lo normal es verlos al día siguiente o a las muchas horas, según sea el caso. Justo lo primero que me dijo la enfermera cuando vio mi mirada de pánico de madre primeriza al recibirla en mis brazos, todavía húmeda y calientita, fue: "Pégatela". En mi cabeza: "Oh, por Dios, y ya firmé la carta; si no la atiendo bien, morirá y será mi culpa".

Después de 10 respiraciones... "Pégatela". Ok. Todos tranquilos, esto es lo que quiero hacer; lo he visto en las películas, en Friends Rachel lo hizo muy bien, muy fácil todo, seguro yo también puedo... ¿Cómo me la pego?

Y así, después de una serie de posiciones extrañas, manipulaciones de chichi y de bebé “pegándomela” al pecho en las maneras menos mamíferas posibles y con mi hija llorando por primera vez en mis brazos, en un grito de hambre y posteriormente llorando las dos, terminé por darle un biberón.

Ésa fue mi iniciación a la lactancia. Me costó unas semanas corregir el rumbo de no haber entendido el verdadero significado de “pégatelo” o lo que se supondría que debe significar. Gracias a mi esposo, ambos convencidos de que queríamos lo mejor para nuestra hija y eso era justo darle leche materna, encontramos una asesora de lactancia que con paciencia, amor y guía, justo como toda lactancia debe iniciar, nos mostró el camino para que mi hija tomará el pecho y fuera alimentada exclusivamente con él.

Quiero compartir el significado verdadero de “pégatelo” por si es que hay más madres por ahí que, como yo, no entendieron lo que en realidad quiere decir.

Pégatelo

Proviene del latín picare o pegar, que significa: adherir una cosa con otra de modo que entre las dos no quede espacio alguno.

Acción y efecto de acercar al bebé desnudo recién nacido al pecho de la madre, desnudo de igual manera. Sentirse, reconocerse, olerse, saberse uno como parte del otro de manera divina en un milagro. Respirar, relajarse, oxigenarse, confiar, dejar que el instinto natural se apodere de ambos para abrir paso a la lactancia de manera suave. Una vez que madre y bebé, en esta perfecta armonía, cuyas raíces viajan miles de años a nuestros antepasados, haya sido capaz de recordar genéticamente e instintivamente el camino, el cuerpo hará lo necesario sin dejarse interrumpir por nada. Cuando el recién nacido tome el pecho de la madre y se nutra de él en todos los sentidos, sabremos que la acción habrá sido exitosa. El deber único de la madre después de esto es aferrarse con todas sus fuerzas a este instinto primario, confiar en él y no dejarlo ir jamás.