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Tengo un mes con la alimentación complementaria, con mi primera hija no tenia mucha información así que pasamos del pecho a la papilla en todas sus presentaciones. Después de algún tiempo comencé a leer un poco del BLW (baby led weaning), un método de alimentación libre de papillas.

En un inicio la idea asusta: atragantamiento seguro, es lo que primero pensé. Luego leí otras cosas que me hicieron más sentido, como la recomendación de no obligar ni distraer para dar de comer y la de ofrecer aquello que tú comes y cocinas. Uf, ahorrarme la esterilizada de todo lo que entrará en la boca de mi bebé y la extensa planeación y preparación de papillas no sonaba nada mal. 

El tema descansó algunos años hasta que llegó el turno de mi otro hijo. En este caso, mucho más preparada y empoderada en mi maternidad, y con la tranquilidad de saber que la leche materna es el principal alimento hasta el año, no tuve la urgencia de correr a insertar la cuchara con papilla de zanahoria en el día uno de los 6 meses. 

Así que retomé el tema, sin prisa y sin miedo; ésa es la cosa bella de la maternidad, que con cada hijo da sabiduría y tranquilidad. Comencé poniendo unos pedazos de chayote en la mesa (cortados delgados y largos); mi hijo jugaba, los aplastaba y con poca coordinación trataba de llevarlos a la boca, a veces con éxito y veces sin. La primera probada fue de asco, la segunda le buscó el sabor, la tercera a base de arcadas escupió de regreso un pedazo que es había acercado a su garganta. 

La verdad, estuve tranquila todo el tiempo, porque por una parte entendí que el atragantamiento no es hacer arcadas y por otra me parecía perfectamente normal que, después de 6 meses de solo pasar líquidos, la sensación de pasar algo más pastoso y con más volumen fuera muy extraña. 

Poco a poco avanzaron los días y me di cuenta de varias cosas: por una parte él perfeccionaba la técnica de tomar comida y llevarla a su boca, y la de masticar y escupir o tragar con éxito; por otra, yo estaba sumamente a gusto y sin presión a la hora de la comida. No tenia que hacer comida especial, solo ofrecer alguna verdura o fruta disponible, cocida o cruda. Qué delicia, mi pequeño de tan solo 6 meses estaba integrado a la dinámica de comida familiar.

Me di cuenta también que incluso hasta para una elección tan sencilla como introducir a la alimentación complementaria hay formas más respetuosas que otras, y con respeto me refiero a que respetan el desarrollo natural de un niño.

Esta técnica le ha permitido comer a su ritmo, la cantidad que quiere, los alimentos que le gustan; le ha permitido perfeccionar poco a poco su manera de comer y saborear. Me da a mí la oportunidad de ver qué le gusta y qué le llama la atención, qué texturas no son de su agrado e incluso qué temperaturas prefiere. ¿Cómo me doy cuenta? Solo observándolo y viendo cómo come y qué cosas toma y mastica. 

Me di cuenta de que, al estar dando cucharadas con alimentos molidos en licuadora, te pierdes todo este proceso que en verdad es maravilloso. Todo el proceso de experimentar la comida tal y como es, no solo los sabores. El proceso de avanzar en perfeccionar las habilidades para elegir, llevar cosas a la boca, probar, masticar, pasar.

La experiencia de la alimentación complementaria en los primeros 6 meses es educativa, exploratoria; las funciones nutricionales que satisface en comparación con la leche son pocas. Como asesora en lactancia materna, promuevo la libre demanda y el prendimiento precoz a la hora de nacimiento, acompaño a madres y a bebés y veo cómo ellos perfeccionan su forma de mamar conforme pasan los días, cómo la leche cambia volumen y propiedades Y los bebés deciden cuándo y cuánto necesitan comer, y en estos principios se basa en gran medida el éxito de la lactancia; por todo eso, me hace muchísimo sentido que la alimentación complementaria siga esta línea de respeto al desarrollo. 

Tuve muchas ganas de compartirlo porque, además de que ha sido una grata experiencia, fue un gran descubrimiento para mí. Estoy disfrutando esta etapa muchísimo. ¿Cómo ha sido tu alimentación complementaria? 

Entre tus manos

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Tengo varios meses diciendo que estoy bien, que ya estoy bien. Pero creo que debo empezar por aceptar que quizá no. No tengo entendido muy bien la duración de un duelo, menos de aquel en el que se pierde un hijo, pero supongo que no es corto ni sencillo, ni algo que se lleve fácilmente o sin ayuda, como en un inicio creí. Aceptar es el primer paso, regalarme estas palabras me parece también otro paso a la sanación.

Mi embarazo se dio muy sencillo, la única diferencia con el pasado fue que los malestares comenzaron antes y mucho más terribles. Siendo mamá de una hermosa niña lo viví diferente también en el sentido de estar agobiada por la logística de todo, anticipando el futuro demasiado, dando por sentado mucho más de lo que esta al alcance de uno.

El tercer eco rebeló que eran dos bebés, no sólo uno. No puedo describir lo que sentí, grité, lloré y me sentí emocionada, pero sobre todo tuve mucho miedo. ¿Qué haremos? ¿Cómo?¿Cuándo? ¿Dónde? Eran preguntas que estaban en mi cabeza todo el tiempo. Aunadas a una lista interminable de cuidados a seguir, por ser un embarazo considerado de riesgo.

Los embarazos son pesados en general, o al menos para mí lo han sido; éste en específico fue terrible en ese sentido, un buen día era aquel en el que sólo vomitaba las tres comidas del día y no entre ellas. La panza era mucho más grande y más cada vez, limitando mucho la movilidad y, pese a que según yo estaría más tranquila, pues ya conocía un poco el camino, me encontraba a diario con síntomas y dolores extraños que sólo me llenaban de miedo.

La doble planeación puso una enorme presión familiar: se hicieron ajustes, se cerraron ciclos, proyectos, pensando justo en que estaría inmersa solo en la maternidad un largo tiempo. Justo apenas cuando pude ir calmando toda esa tormenta externa y dije: ahora sí que venga lo que venga, el médico tuvo noticias preocupantes: el líquido amniótico comenzó a aumentar más de lo normal.

En ese momento el médico sugirió limitar las actividades: ya no podría cargar a mi hija, caminar más de dos cuadras, estar parada más de 20 minutos ni ayudar en ninguna tarea, pues en el primer diagnóstico se pensó que esta condición se debía a que había tenido mucha actividad. Para la siguiente cita, la situación no mejoraba, y se comenzaron a ver otras opciones, las cuales no eran muy alentadoras, pues todas tenían un alto porcentaje de complicaciones y además no todos los procedimientos se hacían en mi ciudad.

Básicamente lo que habría que hacer era introducir una aguja por el estómago y sacar el líquido, cosa que de entrada no solucionaría el problema que al parecer estaba siendo ocasionado por un síndrome de transfusión fetal, al compartir la misma placenta. Luego, si eso no dañaba el embarazo, habría que separar los cordones umbilicales cruzados en la placenta para que el líquido se dejara de producir en gran cantidad en una bolsa. En esta última cita, el médico, apurado, comentó revisar el caso con un equipo médico y ver qué era la mejor opción. Mientras tanto, reposo absoluto.

Mi madre tuvo cinco abortos espontáneos; yo soy hija única, la única de seis. No está de más decir que siempre tuve miedo y justo éste, el que creía yo mi último embarazo, al pasar los tres meses dije: Ya la libré de pérdidas, he sanado esto. Pues no, a esta última cita con el doctor me acompañó mi madre; la noticia, lo sé por su cara, le sacudió las entrañas; todo el camino de regreso lloramos, de verdad lloramos y no en silencio, por el simple hecho de pensar en la posibilidad de perderlos. Mis hijos, Iván y Matías, estaban totalmente formados, se movían como locos llenos de vida e incluso tenían personalidades diferentes, ya que se comportaban muy distinto en los ecos; yo no toleraba ni medianamente la posibilidad de perderlos, no toleraba la idea de perder unos bebecitos.

Tres días después, mientras mi caso era consultado por expertos y pese a haber seguido absolutamente cada instrucción del médico, comencé un trabajo de parto intenso que fue imposible detener. Mi útero, lo suficientemente grande para un bebé a término debido al exceso de líquido, inició su trabajo. A partir de ahí todo sucedió demasiado rápido, mi vida ahora también estaba en peligro y había que movilizarse. Nadie nunca se sentó con calma a decirnos: Están a punto de perder a sus hijos; por favor, prepárense. Todo, por las circunstancias, se dio por hecho, en un silencio de terrible y profundo dolor; lo demás fueron sólo instrucciones. Corre al hospital, hospital lleno, buscar otro hospital, hablar al seguro, avisar a nuestros padres, en fin.

En el hospital tuve 7 horas de trabajo de parto, 7 horas de oleadas intensas de contracciones que, en vez de darle paso a la vida, se lo daban a la muerte. Las posibilidades de que ellos vivieran eran pocas y por protocolo a esa edad gestacional no son intervenidos. Yo sólo pensaba darles a mis hijos lo mejor de mí el tiempo que los tuviera conmigo, sólo pensaba que quería que murieran en mis brazos con el sonido de mi voz regalándoles paz, y no en ningún otro lugar. La muerte era inevitable. Lo único que pedí fue que los pusieran en mi pecho apenas nacieran.

Todo el tiempo, durante mi trabajo de parto, acompañada amorosamente de mi esposo, quien es la mejor doula que conozco hasta hoy, inundados de profunda tristeza pero entereza, canté: "Entre tus manos está mi vida, señor; entre tus manos pongo mi existir. Si el grano de trigo no muere, si no muere, solo quedará; pero, si muere, en la abundancia dará un fruto eterno que no morirá. Hay que morir para vivir; entre tus manos confío mi ser". Y así, encomendada a Dios, puedo decir que no sentía dolor en las contracciones, pues el dolor de mi alma superaba todos.

Así fue como después de unas horas nació primero Iván; era el más grande; después de eso, Matías; no lloraron, pero nacieron vivos y en menos de 10 segundos estaban en mi pecho. Hermosos, completamente formados, húmedos, calientitos, moviéndose, estirándose, pero eran demasiado pequeños, tan solo un poco mas grandes que la palma de mi mano. Tenían peso, recuerdo que sentí que pesaban mucho, a veces todavía tengo esa sensación de los dos moviéndose en mi pecho. Mi esposo y yo los llenamos de besos, les hablamos, les canté. En un torpe ritual, con un hospital colapsado por la inusual situación, se bautizaron. Y así, acompañando esta cortísima transición por la vida y la muerte, estuvimos como dos horas, hasta que poco a poco dejaron de moverse, de respirar. Pero lo que nunca olvidaré es que se volvieron tan livianos que era como que no estuvieran ahí. Ahora pienso que ya no estaban. Me costó mucho trabajo entregar sus cuerpecitos, quería que fueran tratados y cuidados con muchísimo respeto, con muchísimo amor; el desprendimiento físico fue igual de doloroso que el espiritual y no dejaba de repetirme: ahí ya no están tus hijos, tus hijos son parte de algo mucho más grande ahora, déjalos ir. Muy difícil. Uno quiere aferrarse a lo que ama con garras y dientes, la muerte es muy compleja porque trata de todo lo contrario.

Estuve y de pronto me siguen atormentado los “hubiera”, las posibilidades. Más de alguna vez me encuentro un articulo en el internet, no sé si cierto o falso, que habla de un bebé que sobrevivió con 22 semanas de gestación y pienso que quizá debí hacer algo más y me paso una tarde pensando en ese 11% de probabilidades. Ya culpé al doctor, lo perdoné, perdí la fe, la recuperé, investigué en internet todas las estadísticas e incluso he tratado de tomar un punto de vista más espiritual, pensando que “todo pasa por algo”. Pero la culpa aún me atormenta; la culpa, con cosas como que me quejé mucho en el embarazo: estaba molesta, incómoda, adolorida, que no les hablé lo suficiente mientras estaban en mi panza, que no me puse en paz desde el inicio, que no fui agradecida, que estuve más preocupada por dónde meter tres carriolas que por disfrutar, por no estar en el presente atesorando esas hermosas vidas que guardaba en mi vientre. Lo único positivo que me queda ahora de esta gran pena es que aprendí a agradecer absolutamente todo, porque nunca se sabe cuánto durará o qué va a pasar después. Y no quiero pensar que es lo único que tenía que aprender. 

Me gusta pensar que eran dos almas con una tarea muy corta para realizar, algo muy pequeño a cumplir para trascender; tengo claro que somos más que carne y hueso. Me siento honrada de que nos hayan elegido, de que consideraron que tendríamos la entereza necesaria para acompañar este breve proceso con fortaleza y amor. No sé si todas las parejas pasarían por algo así; en el hospital insistían mucho que no los viéramos, que sería muy duro; sin embargo, para nosotros lo duro era que no murieran en nuestros brazos. Me gusta pensar que otras parejas sí lo harían porque me da la esperanza de un mundo más humano y con más conciencia. También me gusta pensar que no, porque me hace sentir muy especial.

Mi realidad ahora es que los extraño demasiado. Tengo una hija hermosa que ha sido y es un motor importante,  pero llevo un dolor muy grande en el pecho, y no sé, pero no creo que el dolor de perder a dos hijos se vaya nunca del corazón. Todavía hace unos días me llego un mail, no sé por qué, de una aplicación del celular, esas que usas cuando estás embarazada y luego, después del nacimiento, te notifica el desarrollo que debe ir teniendo tu bebé. Olvidé borrarla y el mail me notificaba que mi bebé, mis bebés, ahora comenzarían a probar su voz. Conforme brotaban lágrimas de mis ojos empecé a pensar: ¿Qué me querrá decir esta voz? Y trato, llevo unos días tratando de escucharla, de escucharme; me ha comenzado por decir que acepte, que acepte que tengo un duelo grande, mucha tristeza y, aunque la vida siga su curso en el día a día,  hay cosas dentro de mí que aún se estarán resolviendo constantemente.

En octubre se conmemora de forma internacional la concientización de muertes perinatales e infantiles, me uno a esta celebración compartiendo esta historia que callé durante algún tiempo. Espero que todas las madres que han pasado por algo así puedan darle voz, de la forma que sea, a su duelo. Que lo vivan contenidas y acompañadas, que puedan llorar todo lo necesario, que rompan el silencio, que se permitan sentir, que no se convierta en un fantasma que las acecha y las toma desprevenidas y que no pase de largo el aprendizaje que deja tan dura experiencia. La pérdida de un hijo no debe pasar desapercibida, ni vivirse sola o en silencio, sépanlo. Mi corazón con ustedes. 

Pégatelo

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La forma científica de esta frase de múltiples significados y connotaciones sería “ponlo al pecho”, aunque es bien sabido que su forma coloquial es la más utilizada en asuntos de lactancia, sobre todo cuando familiares, profesionales de la salud, amistades y cualquier otro curioso que acompañe un puerperio —que, claro, no sea de la opinión de meter un bote de fórmula de buenas a primeras— se han quedado sin idea de cómo ayudar a la madre en turno. Bien sea por algún problema emocional, físico o incluso del recién nacido. "Tú pégatelo" o, en su forma repetitiva, "pégatelo, pégatelo, pégatelo", es la frase mas concurrida cuando de auxiliar se trata. 

 

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¿Por qué lo sé? Pues bueno: porque, antes de enterarme que existen personas que estudian para acompañar los procesos de lactancia de las madres, que bien pueden suceder como en las nubes o en el inframundo, fue la frase que varias veces me repitieron.

En el hospital, por ejemplo: después de pedir el alojamiento conjunto (esto es, que tu bebé se queda en tu cuarto y no en el cunero), enfrente de varios ojos incrédulos y miradas reprobatorias y habiendo firmado una hoja escrita por las enfermeras en la que prácticamente decía que me hacía cargo de mi bebé (cosa que fue bastante rara, puesto que antes de firmar eso yo ya daba por entendido que así era). Incluso tomé una fotografía a dicho escrito pues me parecía lo suficientemente simpático; pensaba:  "¡Claro! Incluso en las dimensiones del inmediato debe haber algo de humor".

Después de una serie de protocolos un poco improvisados debido a la incapacidad de algunos de nuestros hospitales en la cuestión humanitaria, por fin me entregaron en brazos a mi recién parida hija, cosa extraña porque lo normal es verlos al día siguiente o a las muchas horas, según sea el caso. Justo lo primero que me dijo la enfermera cuando vio mi mirada de pánico de madre primeriza al recibirla en mis brazos, todavía húmeda y calientita, fue: "Pégatela". En mi cabeza: "Oh, por Dios, y ya firmé la carta; si no la atiendo bien, morirá y será mi culpa".

Después de 10 respiraciones... "Pégatela". Ok. Todos tranquilos, esto es lo que quiero hacer; lo he visto en las películas, en Friends Rachel lo hizo muy bien, muy fácil todo, seguro yo también puedo... ¿Cómo me la pego?

Y así, después de una serie de posiciones extrañas, manipulaciones de chichi y de bebé “pegándomela” al pecho en las maneras menos mamíferas posibles y con mi hija llorando por primera vez en mis brazos, en un grito de hambre y posteriormente llorando las dos, terminé por darle un biberón.

Ésa fue mi iniciación a la lactancia. Me costó unas semanas corregir el rumbo de no haber entendido el verdadero significado de “pégatelo” o lo que se supondría que debe significar. Gracias a mi esposo, ambos convencidos de que queríamos lo mejor para nuestra hija y eso era justo darle leche materna, encontramos una asesora de lactancia que con paciencia, amor y guía, justo como toda lactancia debe iniciar, nos mostró el camino para que mi hija tomará el pecho y fuera alimentada exclusivamente con él.

Quiero compartir el significado verdadero de “pégatelo” por si es que hay más madres por ahí que, como yo, no entendieron lo que en realidad quiere decir.

Pégatelo

Proviene del latín picare o pegar, que significa: adherir una cosa con otra de modo que entre las dos no quede espacio alguno.

Acción y efecto de acercar al bebé desnudo recién nacido al pecho de la madre, desnudo de igual manera. Sentirse, reconocerse, olerse, saberse uno como parte del otro de manera divina en un milagro. Respirar, relajarse, oxigenarse, confiar, dejar que el instinto natural se apodere de ambos para abrir paso a la lactancia de manera suave. Una vez que madre y bebé, en esta perfecta armonía, cuyas raíces viajan miles de años a nuestros antepasados, haya sido capaz de recordar genéticamente e instintivamente el camino, el cuerpo hará lo necesario sin dejarse interrumpir por nada. Cuando el recién nacido tome el pecho de la madre y se nutra de él en todos los sentidos, sabremos que la acción habrá sido exitosa. El deber único de la madre después de esto es aferrarse con todas sus fuerzas a este instinto primario, confiar en él y no dejarlo ir jamás.

Zona Cero

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No pude encontrar una mejor analogía para el hecho de convertirse en madre que la expresión zona cero, es decir, la zona de mayor alcance o máxima devastación en tragedias, pudiendo ser el epicentro de un terremoto, la zona de impacto de un maremoto en la costa, el blanco de un ataque terrorista o de guerra, y yo agregaría el cuerpo físico, mental y emocional de una madre recién parida así como su entorno inmediato. No quiero hacer analogía por el lado de que parir es una tragedia, sino desde el punto en que todo lo conocido se desbarata por completo para iniciar de cero a una nueva forma de vida. 

Quienes ya tuvieron la fortuna de ser madres fortuna que no se vislumbra por completo hasta que recuperamos un poco nuestras habilidades como personas y acudimos a nuestro instinto primario de criar, porque antes de esto, más que fortuna, todo se siente como terror no me dejarán mentir que, sea cual haya sido el método para traer al mundo a esas pequeñas criaturitas cuya sonrisa valdrá mas que cualquier otra cosa, uno queda en zona cero. Si fue parto natural, el trance comienza desde el trabajo de parto, en donde al menos en mi caso olvidé todo protocolo o diplomacia y, aunque siempre me consideré una persona con suficiente umbral del dolor, no se acercó ni siquiera a mi imaginario del peor, sino que lo sobrepasó unas miles de veces. Hablo de trance porque, ahora que miro la foto que me tomaron en el hospital, en que después de pujar como si fuera mi última voluntad por fin recibí en mis brazos ese regalo cuyos ojos me miraron como si me conocieran de toda la vida, puedo ver mi semblante desorbitado y en un plano ajeno a las nimiedades terrenales e hinchado como sapo en descomposición. Claramente no era un buen momento para foto, pero eso es lo de menos; lo de más es que se captó no sólo el momento en el que nació mi hija, sino el momento en que yo habitaba otras dimensiones y no por la medicación, sino por el simple hecho de traer una persona a este mundo. 

Al día siguiente, incluso a las pocas horas, todo ese recorrido se recuerda como una gran borrachera, de esas en que medio te acuerdas de que bailabas encima de una mesa o texteabas a tu ex novio, pero no del todo, todo como en un sueño. Luego alguien te dice: oye, ¿te acuerdas de que ayer me marcaste a las tres de la mañana para cantarme Las mañanitas?, y tú ni en cuenta. El parto es exactamente lo mismo. Se recuerda justo como una especie de sueño en que uno no está del todo consciente, me gustaría suponer que se debe a que no estamos rondando estas dimensiones sino otras del más allá. Para abrir el canal de la vida no sería tan imposible que se abran otras muchas puertas y atino que duran algunos días así, abiertas. Con esto no quiero decir que no tienes ninguna conciencia, sino que la conciencia que te habita en ese momento supera todo límite terrenal y todo tu cuerpo es absorbido por profundas raíces que te conectan a la esencia sagrada de tu mujer conectada, a su vez, a toda la línea de mujeres que te antecede. 

Sobra decir que este hecho te cambia la vida por completo, porque quien aún no es madre no sabrá entender lo que esto significa y quien ya lo es lo sabrá demasiado. 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Ilustración: Alejandro Joya 

Esta zona cero del puerperio no es ni más ni menos que una gran puerta a lo que verdaderamente somos, a ese espacio interno descuidado por tanto tiempo, un espejo para encontrarnos con la mujer que nos ha habitado a través de los años pero en su mayor autenticidad, sin mentiras. Y es duro, no voy a negarlo: tanta sinceridad interna de un día a otro cae como balde de agua fría; entre alegrías, miedos, voluntades y responsabilidades, a veces uno no se acuerda ni de cómo respirar. Es parte de nuestras nuevas tareas hacer caso a las palabras de esta mujer olvidada hasta hoy, que nos palpita desde dentro y nos muestra un nuevo camino de ser y de estar; hace falta escucharla sabiamente justo ahora que estamos con tantas puertas abiertas para sólo así vivir nuestra maternidad con armonía. 

Hacen falta montones de humildad, para soltar todo el control que se nos enseña en la vida diaria contemporánea y hacer completo caso de ese pequeño maestro que, por ahora, sólo duerme, come y llora la mayor parte del tiempo y, si por voluntad fuera, no se separaría de nosotras ni un solo instante. Hace falta humildad para entender qué cosas vienen a enseñarnos nuestros hijos, qué nueva manera de vida vamos a tomar, qué cuestiones de nosotras debemos modificar y, sobre todo, con cuánto amor queremos sentar las bases de esta nueva familia; no hay mejor maestro que aquel que quiere aprender. Hay que aprender a escuchar todas las entrelíneas que tiene la maternidad diariamente; estoy convencida de que una maternidad consciente salva generaciones enteras, futuras o pasadas. 

Pasar por la maternidad sin conciencia, contar los días para que la vida vuelva a ser lo que era antes y forzar la crianza a las necesidades anteriores a ser madre, no sólo es peligroso: es triste, es egoísta; hay que abrazar la transformación para poder trascender; de lo contrario, sólo estamos dando pasos para atrás. Querer construir un edificio exactamente igual al que se cayó por un temblor es una necedad: todos saben que no será igual. Curiosa cuestión la de la destrucción que borra y sana, la de empezar de cero, la de poder reinventarse, la de habitar el más allá unas horas para volver renovada, renacida como mujer, nacida como madre. 

Quizá por estas razones y seguramente otras mucho menos espirituales, nadie en su sano juicio se embarazaría; la cuestión es que, cuando uno se da cuenta de todas las implicaciones que esto conlleva, ama ya de una manera tan pura, incondicional e inexplicable al ser que lleva dentro o al que acaba de parir; por lo tanto, es demasiado tarde para cualquier sano juicio. Dejar de lado la cordura muchas veces vale la pena y qué mejor perder el juicio por un acto de amor tan grande como la maternidad, en el que no sólo no vuelves a ser la misma, sino que eres una versión mucho mejor de ti misma.  



 

MANUALIDADES con los más pequeños. Guía práctica

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Te platico que soy muy fan de hacer manualidades con mis hijos, me parece una forma divertida de pasar el tiempo y de paso en el proceso aprendemos muchas cosas interesantes además de vincularnos  de forma efectiva. Ponemos en práctica muchos conceptos que aunque sea a través del juego se convertirán en herramientas que les servirán para la vida y el desarrollo emocional; La anticipación, paciencia, organización, seguimiento de indicaciones, imaginación, habilidad motora fina y muchas otras. 

Nosotros seguimos estos sencillos pasos para cada proyecto:

1) PLANEACIÓN:

YouTube, Pinterest y Facebook tienen un sin fin de propuestas de manualidades especiales para niños y muy sencillas de realizar. Es importante que tus hijos participen en el proceso de selección pues de esta manera se mostrarán más disponibles e interesados al momento de la actividad.

Involúcralos preguntándoles qué les gustaría hacer o por qué les ha llamado la atención cierta actividad. Esto también te ayudará a conocer más a tus hijos y sus intereses. 

Trata de darles a escoger actividades que no sean muy difíciles de realizar o vayan a tomar demasiado tiempo, según la edad de tus hijos, se razonable con su capacidad de atención y de paciencia.  Así que lo primero es, entre todos, escoger algo para hacer. 

2) REVISIÓN DE MATERIALES:

El segundo paso es hacer una lista de qué materiales van a necesitar para realizar la manualidad. Depende mucho de la actividad que decidan realizar, pero para la mayoría de ellas muchos de los materiales que se necesitan ya los tienes en casa y solo unos pocos se tienen que comprar. Así que puedes palomear en la lista los materiales que tienes disponibles y  organizarte para comprar el resto. 

En este punto puedes preguntar a tus hijos dónde se les ocurre que se pueden comprar los materiales que faltan, hablar de los tipos de tiendas y qué cosas venden en ellas, o quién podría tener eso que hace falta o cómo conseguirlo. Te asombrarás de la memoria de tus hijos y su capacidad para conectar conceptos. 

3) VIAJE A CONSEGUIR MATERIALES:

Sería ideal que tuvieras que ir solo a un lugar a conseguir los materiales y puedes por ejemplo aprovechar una ida al super para además comprar lo de tu lista. O pasar a visitar a la abuela y pedirle algún elemento que te haga falta. Aunque también si quieres puedes organizar un periodo de tiempo para solo esta tarea. 

Dales a tus hijos la lista y nómbralos encargados de verificar la lista, puedes preguntarles qué te hace falta o a que otro lugar hay que ir. A ellos les encantará ser parte activa de la tarea. 

Si no consiguen algún material pueden hablar entre todos la mejor manera de remplazarlo. No importa la edad de tus pequeños siempre pide su opinión, si son muy pequeños vas a divertirte con sus ocurrentes respuestas y si son mayores vas a sorprenderte de su capacidad de imaginación. 

4) REALIZACIÓN DE LA ACTIVIDAD:

Ahora es momento de poner manos a la obra, busca un momento adecuado en el día, donde nadie este cansado, con hambre o de mal humor (no tiene que ser el mismo día que planeas o que compras todo). Designa un lugar apropiado para la actividad, si es con agua quizá el jardín es la mejor opción o si van a pintar quizá el piso lleno de periódicos, etc. 

¡Reúne los materiales en el sitio y a comenzar! Delega a tus hijos pequeñas tareas de acuerdo a su edad y motívalos a revisar las instrucciones y a seguirlas. Una parte importante del proceso es poder seguir las instrucciones e ir paso a paso.

Cuando las manualidades son largas o mas complicadas funciona dividirlas en dos partes.  Poco a poco iras viendo qué les motiva más y en qué están perdiendo interés y esto te permitirá ir re-direccionando la actividad para que no se pierda el objetivo. 

¿Cuál es el objetivo principal? Que todos pasen un buen rato.

En este link encontrarás ideas muy padres para empezar: 

https://www.youtube.com/channel/UC57XAjJ04TY8gNxOWf-Sy0Q

 

¿Cómo tonificar mi abdomen después del parto?

¿Cómo tonificar mi abdomen después del parto? 0

Una pregunta común entre madres que acaban de parir es cómo tonificar su abdomen y también uno de los principales agobios en la mayoría pues perder la figura física de manera tan repentina puede ser difícil de sobrellevar.  Además las tareas de una nueva madre pueden limitar mucho el tiempo de hacer ejercicio o ir al gimnasio de manera regular. 

Por eso en este post te mostramos 4 maneras de recuperar tu abdomen que son fáciles, seguras, naturales y no requieren mucho tiempo. 

1) LACTANCIA

La manera más sencilla y efectiva de comenzar a perder peso después del embarazo es la lactancia. Al ofrecer pecho a tu bebé, sin hacer nada más que eso, quemas ya algunas calorías y por lo mismo comienzas a perder poco a poco esos kilos extras. Así que infórmate o ten a la mano el contacto de alguna asesora de lactancia por si tienes dudas o dificultades para que puedas lograr este punto.

Puedes escribirnos a asesorias@mascorazon.mx y con gusto te referimos con alguien en tu cuidad.  

2) ALIMENTACIÓN SANA 

Independientemente si quieres perder peso o recuperar tu figura, llevar una buena y balanceada alimentación es la base de toda vida sana, así que que procura alimentarte bien sean cuales sean tus objetivos. 

Es muy importante que recuerdes que no hay dietas milagrosas, ni licuados, ni jugos, ni pastillas, sino por el contrario todos estas maneras de perder kilos de forma rápida desajustan tu metabolismo y pueden hacerte que ganes mucho mas peso después. Además de que ninguna de ellas esta recomendada en el post parto ni en la lactancia. 

Lo mejor es que contactes con algún nutriólogo para que te dé una dieta de acuerdo a tus necesidades, talla, peso, altura, etc. Si no tienes los medios para buscar a alguien profesional puedes tener una dieta balanceada cuidando tu consumo de grasas, azúcares y carbohidratos, y lee bien que hemos escrito cuidando, no eliminando. Todos los grupos alimenticios son importantes, así como una buena hidratación ( Mínimo 2 litros de agua al día).

Nota: Lo único que si puedes eliminar por completo de tu dieta, e incluso te animamos a hacerlo,  es la comida chatarra. 

Si te gustaría saber más acerca de como cuidar tu alimentación puedes comprar o descargar el libro de "la revolucionaria dieta de la zona" del Dr. Barry Sears. Es un buen libro para conocer los grupos de alimentos, porciones y combinaciones para una alimentación balanceada. 

3) EJERICIO

Sabemos que no tienes mucho tiempo para esta actividad así que no estamos hablando de que tengas que ir al gimnasio dos horas. Sino simplemente de que tengas algo de actividad física en tu casa al menos 3 veces a la semana. El ejercicio además te ayudará muchísimo a reducir tus niveles de stress y a lograr que te sientas más feliz y relajada. 

Ejercicio cardiovascular:

Cualquier actividad que acelere tu ritmo cardiovascular y te ayude a quemar calorías. Es importante que hagas mínimo 15 minutos esta actividad para que sea realmente efectiva.  Recuerda siempre durante este ejercicio tener presente tu abdomen y apretar tus músculos o meter la panza en todo momento. 

Puedes:

-Salir a darle la vuelta a la manzana a paso firme (con tu carreola o fular).

-Usar alguna maquina de caminar o elíptica si tienes.

-Saltar la cuerda.

-Subir y bajar las escaleras de tu casa a un buen ritmo.

-Seguir algún video de zumba o juego de baile (esto además es muy divertido).

Ejercicio para tonificar:

Son los ejercicios que requieren algún tipo de fuerza en algún músculo especifico y lo ayudan a estar firme.  Te recomendamos que igual hagas esta actividad por lo menos 15 minutos. 

-Planchas:

Es una posición en la que trabajan varios músculos del cuerpo y sobre todo el área abdominal, fortaleciendo poco a poco la firmeza perdida. Puedes empezar sosteniendo la pose 10 segundos y descansando otros diez, en tres series. Cada día puedes aumentar el numero de segundos hasta llegar a un minuto. 

Debes de cuidar mucho que tu columna vertebral y tu cabeza estén alineadas con tus rodillas, formando una linea recta. Es recomendable que la primera vez que la hagas te mires en un espejo o alguien mas te ayude a cuidar tu postura. 

-Hipopresivos:

Son unos ejercicios que consisten en vaciar los pulmones y hacer apneas de respiración jalando los músculos del abdomen hacia la espalda. Son excelentes para ayudar a recuperar el piso pélvico y la distensión abdominal. Contrario a lo que se podría pensar los abdominales no están recomendados en el periodo post parto pues solo consiguen botar mas el abdomen.  

Te compartimos el siguiente canal de youtube en donde podrás seguir varias indicaciones de cómo realizar estos ejercicios. 

-Yoga:

El yoga no solo es una excelente manera de mantener tu cuerpo flexible y firme sino también de mantener tu mente en equilibrio. Una opción para esto es que busques alguna maestra de yoga que este dispuesta a ir a tu casa algunos días o dejarte rutinas mensuales o semanales que puedas hacer tu sola.

La otra opción es que bajes la aplicación de Yoga.com  en donde ademas de poder hacer muchos programas personalizados de yoga fáciles de seguir según tu nivel, puedes aprender las posturas viendo vídeos que explican de forma muy clara que hacer e incluso escoger qué áreas del cuerpo quieres trabajar. 

Nota: Antes de realizar cualquier ejercicio debes consultar con tu médico para que te de autorización o te diga cuanto tiempo más es necesario esperar. 

4) ACEITE TONIFICANTE

Hay muchas cremas y remedios para reducir el abdomen pero la mayoría de ellos no sólo son muy caros sino que son peligrosos para tu salud  y normalmente no compatibles con la lactancia. Recuerda que lo que tu piel absorbe va al torrente sanguíneo y por tanto a la leche, es por eso que debes de cuidar mucho que cosas pones en tu piel.

El Aceite esencial de Toronja de grado terapéutico (100% natural, 100% puro) te puede no sólo ayudar a tonificar tu abdomen y reducir tallas sino también como diurético (lo que te ayudará a deshincharte) e incluso calmar tu hambre, además de ser totalmente compatible y seguro con tu lactancia. 

¿Cómo puedes usarlo?

-Lo diluyes en Aceite de almendras o cualquier otro tipo de aceite vegetal y lo untas sobre tu abdomen y cadera por lo menos tres veces al día. 

-Untado directamente en los puntos donde sientas mas flacidez. 

-Tomando 2 gotas en 1 oz de agua media hora antes de cada comida. 

Nota: No deberás exponer al sol las partes donde aplicaste el aceite de toronja durante al menos 12 horas. 

4) PACIENCIA 

Quizá la recomendación más importante es la paciencia, pues tu cuerpo tardará algún tiempo en recuperar su funcionamiento y partes de su fisionomía también y hagas lo que hagas éste proceso será gradual, así que paciencia. 

Sabemos que lo que menos quieres escuchar, quizá, es dieta y ejercicio, pero si realmente quieres recuperar tu figura de manera saludable son pasos que no te puedes saltar, pues no solo asegurarán tu salud y la de tu bebé, sino que también tendrás la garantía de que los resultados serán permanentes. 

 

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